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Carlos Romero

Reverendo Diácono

Cuarto Domingo de Cotidiano: la locura de la Cruz.

1 Corintios 1:23-24.

Nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios.

El griego era un hombre versado en filosofías. Pueblo cultivado en ciencias como la filosofía, la lógica, la matemática o la ciencia, la civilización griega, aun sin independencia ni poder político, moldeaba al Mediterráneo antiguo en la época de Jesús y de Pablo.

Reunidos en el ateniense Areópago un día cualquiera, muchos griegos estuvieron dispuestos a escuchar a Pablo predicar sobre el Dios desconocido: nuestro Señor. De ellos Pablo dijo que eran personas religiosas y que no despreciaban lo divino, sino que continuamente estaban buscando conocer más de la divinidad. ¿Qué aconteció cuando San Pablo pasó a tratar sobre la resurrección de los muertos? Unos se marcharon descontentos y otros, jocosos, se burlaban. Era absurdo. ¿Cómo van a resucitar los muertos si la materia se descompone? Estoicos, epicúreos y platónicos eran las escuelas predominantes en la época de Pablo. El alma es materia y se disuelve en el universo tras la muerte-afirmaba el sombrío estoico. El alma se descompone en muchos átomos-respondía el indolente epicúreo. El alma es inmortal y solo ella puede sobrevivir tras la destrucción del temporal cuerpo-clamaba el platónico. Ya sea porque no creyeran en la eternidad del alma, ya sea porque afirmaran que todo lo material es inferior y corrupto y desaparece, mientras que el alma, en cambio, permanece, la idea de la resurrección corporal les era del todo ajena.

El griego buena cosa hacía al buscar la sabiduría. El Señor nos dotó de razón, capaz de desenmascarar muchos misterios de la realidad. Mejor es la sabiduría que las piedras preciosas, dice Proverbios 8. Tenemos anhelo de conocer a Dios. Está en nuestra naturaleza creada a su imagen y semejanza. Buscas y buscas mas no encuentras. Suena bien, pero es insuficiente. Nada te sacia. Corres la carrera de la sabiduría, pero no alcanzas la meta. ¿Algún día podré alcanzar a Dios y a la vida eterna con mis fuerzas? No alcanzo a abarcar a Dios en mi mente. ¿Acaso Dios no existe?  he visto todas las obras de Dios, que el hombre no puede alcanzar la obra que debajo del sol se hace; por mucho que trabaje el hombre buscándola, no la hallará; aunque diga el sabio que la conoce, no por eso podrá alcanzarla (Eclesiastés 8:17)

El libro de Job nos enseña como es imposible para el hombre llegar a hacernos una leve imagen de Dios y de su plan. Job intentaba buscar explicación para su desgracia. Sus amigos, pontificando desde la distancia, lo culpaban de sus desgracias. Mas el amigo más sabio, el más recto, Zofaar, les reprende diciendo:

¿Descubrirás tú los secretos de Dios?
¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso?
Es más alta que los cielos; ¿qué harás?
Más profunda que el Seol; ¿cómo la conocerás?
Su dimensión es más extensa que la tierra,
Y más ancha que el mar
.

Acaso tú, hijo del polvo, puedes si quiera acercarte a raspar la inmensidad del Dios Altísimo. Es imposible. Es frustrante. Emplear nuestra propia sabiduría para comprender a Dios se asemeja a intentar vaciar el mar con un cubo. A qué, pues, me haréis semejante, o me compararéis? dice el Santo. Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas (Isaías 40:25)

¿Cómo conocer, pues, a Dios? Mira la Cruz. Mira a Jesús sangrando por todo su cuerpo repleto de azotes y heridas punzantes. Mirando las manos y pies traspasados por oxidados clavos de hierro. Mira a tu Salvador que apenas puede respirar colgado en el cruel madero. Por ti, haciéndose maldición. Una muerte horrenda, siendo Él sin pecado. Obedeciendo perfectamente la voluntad del Padre, cargó con tus pecados y flaquezas en sus espaldas. He aquí tu camino al Señor. A Dios nadie lo ha visto, salvo el unigénito Hijo, que estando en el seno del Padre, ´le ha dado a conocer (Juan 1:18) Si a Él conocéis conocéis al Padre. Cristo es la luz que, resplandeciendo en tu corazón, te permite ver cara a cara la gloria de Dios. Él es la Sabiduría por medio de la cual el Padre creó el cielo y la tierra. Sigue buscando y clama a Dios diciendo: Padre, enséñame tu verdad, muéstrame tus sendas. ¿Dónde te hayas? Tengo anhelo de ti. Enséñame tus caminos y en ellos andaré. Te necesito.

El Padre no escogió para mostrarse al mundo el poder terrenal o la riqueza. Ya eran suyas. Sería fácil para cualquier varón o mujer juicioso seguir el camino del poderoso. Mas, ¿Quién sigue el camino del débil, del moribundo, del maldito en la Cruz? A los pies de la cruz apenas unas pocas mujeres y el fiel Juan. Nadie más. Era una locura seguirlo. Era una locura estar a los pies de la Cruz. Nadie en su sano juicio seguiría a un Mesías muerto de forma tan humillante. La sabiduría del mundo dictaba abandonar a Jesús. Juan y las mujeres, sin embargo, lo siguieron aún en su hora más oscura. No entendían el plan de Dios pero fueron lo suficientemente “locos” como para resistir y serle fieles.

Tres días después, se levantó de los muertos. El que estaba muerto vive. Lo que parecía absurdo aconteció. Muchos, avergonzados, solo creyeron cuando vieron y tocaron. Bendito aquel que cree sin ver. Suyo será el Reino de los cielos y la muerte ningún poder tendrá contra él. Bendito aquel que buscando y buscando con humildad y mansedumbre, halló. Bendito aquel que posee la verdadera sabiduría: el amor a Dios y al prójimo; que se deleita en las cosas de Dios y que ama hacer su voluntad. No temerá mal alguno.

Lo que hoy te predico aquí es al Cristo en la Cruz. Te predico que Jesús te ama tanto que dio su preciosa sangre por ti, en tu lugar murió, para que ya no mueras eternamente. Él derrotó a la muerte en su terreno al descender al Hades. Él resucitó primero y te abre el camino a la nueva tierra. En la Cruz se manifestó el poder de Dios porque desde la Cruz, Cristo aplastó la cabeza de la serpiente. Los príncipes van y vienen. La riqueza se desvanece. El conocimiento se disipa cuando mueres. Mas Cristo permanece. He aquí la sabiduría de Dios. Busca la Verdad y cree en el poder de la Cruz, cree en el poder del amor que conquista la muerte y trae vida eterna. Busca la Verdad y hallarás a Cristo.

Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros.

En Almería, a 1/2/2026.

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