La Cuaresma es el periodo litúrgico especialmente dedicado al examen de conciencia y al arrepentimiento de cada cristiano por sus pecados y faltas.
Los primeros cristianos observaron devotamente los días de la pasión y resurrección de nuestro Señor. Siendo así, tornóse costumbre en el seno de la Iglesia prepararse para este tiempo por medio de una estación de penitencia y ayuno. En la Cuaresma, los catecúmenos eran preparados para su bautismo. Asimismo, en este período los penitentes, es decir, aquellos que por alguna falta se habían separado del cuerpo de Cristo, eran reconciliados con Dios mediante el perdón. El mensaje principal lanzado a la Iglesia era que el perdón y la absolución proclamados en el Evangelio estaban al alcance de todo cristiano que se renovara diariamente mediante su arrepentimiento y fe.
La Cuaresma es iniciada mediante el llamado Miércoles de Ceniza o de Conminación. En el Libro de Oración Común de 1662, obra culmen del anglicanismo clásico, se sustituyó la imposición de cenizas por un ritual donde se conminaba a los pecadores al arrepentimiento, mediante, entre otras cosas, el recordatorio de las maldiciones de Dios contra los impíos impenitentes, extraídos del capítulo 27 del Deuteronomio.
Como Iglesia, en cualquier caso, recomendamos una serie de ejercicios útiles para este tiempo de preparación, arrepentimiento y fe.
En primer lugar, iniciamos el período con la oración frecuente, ora personal ora comunitaria, ora espontánea ora escrita. La oración es una forma adecuada de percibir la maldad que habita en nosotros y la necesidad que tenemos de un Redentor sin mácula que nos rescate de las garras del pecado y la muerte.
El Salmo 51 ofrece un buen ejemplo de oración penitencial aconsejable para todo anglicano temeroso de Dios:
Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia;
Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
Lávame más y más de mi maldad,
Y límpiame de mi pecado.
Asimismo, las Letanías constituyen otro instrumento valioso para clamar por la misericordia de Dios. Se hallan en cualquier Libro de Oración Común. En las Letanías el ministro proclama invocaciones o súplicas por la iglesia, autoridades, necesitados, por la paz, de liberación de males y la congregación o el propio orante responde con una fórmula como “Líbranos, Señor “o “Te rogamos, Señor”.
Además de la oración, la lectura y meditación sobre la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo o sobre cualquier pasaje de la Sagrada Escritura surge como instrumento fundamental para recordar el amor y la misericordia de Dios para con nosotros, ya que, siendo pecadores, envió a su Hijo amado para que, recibiendo nuestro castigo en sus espaldas, resucitara, venciendo con la muerte al imperio de la muerte.
El ayuno es otro rito que nos puede preparar para este tiempo cuaresmal. El ayuno principal del cristiano debe ser la abstinencia de pecados y vicios, incluyendo aquellos manjares que, deleitando la carne por sobre el espíritu, esclavizan al cuerpo. Así, conviene que nos abstengamos de comidas lujosas o abundantes, de dulces, de fastuosas carnes o pescados, de bebidas espirituosas o, en general, de todo alimento, bebida o vicio que reduzca nuestra libertad y sea colocada en el lugar que solo Dios merece.
En nuestra Iglesia Española Reformada Episcopal (IERE)-Comunión Anglicana, oramos con las siguientes colectas, recitada la primera durante el Miércoles de Cenizas y el resto durante cada Domingo de Cuaresma:
¡Oh Dios, que no deseas la muerte del pecador, sino que se convierta y viva! Mira con piedad la flaqueza de nuestra condición humana; y concede que cuantos confesamos que no somos sino ceniza, y que por nuestra maldad hemos de volver al polvo de la tierra, alcancemos de ti el perdón de nuestros pecados y las bendiciones, prometidas a los que se arrepienten.
¡Omnipotente y sempiterno Dios, que te compadeces de los hombres, y no aborreces nada de lo que has hecho, y perdonas los pecados de todos los que se arrepienten! Concede por la gloria de tu nombre que cuantos delante de ti nos humillamos como en el polvo y la ceniza, de ti alcancemos el perdón y la remisión perfecta.
Que el Señor nos haga ver que sin Cristo nada somos y que en Cristo todo lo podemos. Bendecida Cuaresma.

